domingo, 12 de julio de 2015

Mendigo


Ya no tengo a quien querer
ni tampoco quien me quiera,
ya no comparto con nadie
ni el almuerzo ni la cena,
ni tampoco el desayuno
pues no hay nada en la alacena
y por eso los ratones
ni siquiera me desvelan.

Deambulo por la ciudad
rodeado por mucha gente,
pero ninguno me habla
nadie sabe qué se siente...
caminar por esas calles
como rodeada de ausentes
sin tener con quien hablar,
ni quien te quiera y respete.

Yo recuerdo aquellos tiempos
de amigos y de parrandas
que acudían siempre a mí
si alguna cosa faltaba,
que se me acercaban siempre
si necesitaban plata
y si querían llorar
mis hombros no les faltaba.

Ahora mis compañeros
no son como los de otrora,
solo viven el momento
y comen de aquellas sobras
que arrojan de las mansiones…
y se visten con las ropas
que lucían en las fiestas
los señores y señoras.

El destino es así
como siempre impredecible,
no se puede conocer
el arte de ser felices
como soñamos de niños
cuando éramos aprendices
y seguíamos las reglas,
las normas y directrices.

Ya va llegando el final y
pronto he de morir,
ahora que soy mendigo
no reniego lo que fui,
si hago ahora un balance
de la vida que viví
puedo sentirme orgulloso
y podré morir feliz.
  

PanchoTronera

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