sábado, 29 de octubre de 2016

Arreando Ando


Las nubes como cenefas
negras, grises, blanquecinas
descargan sus cortineros
de agua sobre las colinas,
se está alejando el invierno,
dará paso a la sequía
y la humedad de los suelos
se alejará algunos días.

Todos los animales
se acompañan con sus crías,
los que hacen madrigueras,
los que pastan, los que anidan,
el tiempo de apareamiento
de las aves cantarinas
hacen que te recuerde
y te añore, vida mía.

Me siento como un ternero
que no es toro todavía,
y retoza en la sabana
saltando durante el día
pero de noche, pensando,
mirando la luna albina
te imagino en la choza
que está sola en la colina.

Es inevitable pensar
cuando la noche está fría
que tu piel es una seda
linda, suave, calientita,
que extraño cuando estoy solo
y quiero tu compañía
para sentirme dichoso
mientras aparece el día.

Las jornadas de trabajo
distraen las pesadillas
que he tenido en mis sueños
y que incomodan mis días,
la soledad que me embarga
es la que debilita
la dureza que aparento
mientras llega ese día.

El ganado hay que llevarlo
a otras tierras distintas
donde el pasto aún esté verde,
y quede el agua cerquita,
es preciso ir despacio
aunque también haya prisa
pues no queremos perder
ni las vacas, ni las crías.

Mi yegua zaina conoce
esta sabana infinita,
porque la ha recorrido
desde que era una potrilla,
y siente lo que yo siento
porque un caballo cerrero…
que ahora es su compañero
la está esperando en la finca.

PanchoTronera

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