domingo, 19 de febrero de 2017

El Noviazgo


Patricia y Petra Peraza
eran dos muchachas lindas,
hijas del viejo Cenobio
y su esposa Marcelina,
ambas de cabello largo
con sus caras muy bonitas
que de pronto provocaba
darle un beso en la mejilla.

Patricia era delgada,
Petra era más gordita,
ambas de buena pierna
de esas que daban envidia
torneadas y bien formadas,
con cintura delgadita
que no negaban su origen
proveniente de Galicia.

El carácter sí que era
una cosa bien distinta,
Patricia era muy alegre,
descomplicada y sencilla,
mientras Petra, al contrario
era mucho más altiva
y no le gustaban los juegos
ni las bromas subiditas.

Patricia era mi novia,
cariñosita y dulcita,
yo con ella era un amor
y a Petra le daba envidia
porque era novia de Erasmo
el que vivía en la esquina
y que era “más ordinario
que tener caspa en la axila”.

Yo recuerdo que una noche
salimos a la placita,
Erasmo iba con Petra
mientras yo iba con Patricia,
nos habíamos escapado
sin permiso e´ Marcelina,
y el viejo llegó temprano
preguntando por sus hijas.

Marcelina replicó
que eso ella no sabía
y que cuando llegó
ya hace rato que saldrían,
Cenobio se enfureció
y en los ojos le salían
llamaradas de candela
que quemaban sus mejillas.

Estábamos en la plaza
saboreando unas barquillas
cuando de pronto llegó
el viejo tumbando sillas,
y ahí fue que salí corriendo
por una calle oscurita
y hasta ahora yo no he vuelto
a ver a mi noviecita.

Ustedes comprenderán
que eso no es cobardía
que más bien fue por respeto
y por amor a Patricia,
pero verla nuevamente,
eso sí me gustaría
porque el viejo ya murió
y puedo irme a comer,
con gusto “esa barquilla”.

PanchoTronera

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