domingo, 5 de marzo de 2017

El Brujo


Hace poco comencé
a recetar mis pacientes
porque abrí un consultorio
algo más o menos decente,
uso de tecnología,
de esa que se haya presente,
conectado a la internet
y acceso a toda la gente.

También yo me afilié
a la red inteligente,
abrí mi pagina “gueb”
y armado hasta los dientes
me conseguí un recetario
rebuscando mis “peretes”,
los baúles de la abuela
y el “Libro Gordo e´ Petete”.

El local es bien bonito,
tiene retratos de gente
que han muerto por no cumplir
mi recetario fielmente,
puse cortinas de lujo
que compré recientemente
a la vieja funeraria
que teníamos en frente.

Una muchacha llegó
por cierto, recientemente
con un “mal de amor”, de esos
que te perturban la mente,
le di hojas de lechuga
enjugadas en aceite
y unos ojos de perico
pa´que pueda ver de frente.

Una vieja revoltosa
me ha escrito nerviosamente
que se sentía muy sola,
que la ayudara urgente,
que quería que la quisieran,
con un amor diferente
con un galán de novela
que la amara eternamente.

Otro día, bien temprano
recibí un correo urgente
de una viuda que sufrió
la pérdida de un pariente
que le dejó su fortuna
y ahora, precisamente
no hallaba en que gastarla
y quería que la aconseje.

Ahí si fue cierto, ¡no joda!
¡ahora si me llegó la suerte!
mandé de vuelta un correo
pa´ que se viniera urgente,
que tomara un avión,
un ferrocarril o ferry,
no fuera que otro llegará
y aprovechara mi suerte.

Esperé la hora pactada,
vestido elegantemente,
hice unos documentos,
llené miles de papeles
dizque para administrarle
toditos aquellos bienes
y cerrar mi consultorio
que trabajar más, ¡no se puede!.

La viuda llegó solita
traía varios paquetes
la invité a desayunar
después de “cena caliente”
y cuando iba a firmar
todos aquellos papeles
caí en cuenta enseguida...
me agarró la policía
por andar “cazando liebre”.

PanchoTronera 

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