sábado, 11 de marzo de 2017

La Casita Paramera


La brisa madrugadora
cubre de escarcha y rocío
los follajes y las flores,
las ventanas y postigos,
las aceras empedradas
que sostienen los caminos
se alumbran con mil luceros
regalo del infinito.

Al final de la escalada
se puede ver mi ranchito,
es solo una mediagua
que está al borde del camino
hay que bajar una trocha
flanqueada por muchos pinos,
por un camino de mulas
de mil novecientos cinco.

Cuando se llega ¡Por Dios!
es llegar al Paraíso,
el aroma de las flores,
el trinar de pajaritos,
el clima benevolente,
todo color verdecito,
o blanco, si estás mirando
aquel horizonte albino.

Este es mi rancho, señores,
si me esperan un tantico,
voy a colarles café,
que molimos el domingo,
siéntanse como en su casa
mientras voy y les consigo
una ruana a cada uno
porque sé que tienen frío.

PanchoTronera

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