jueves, 6 de abril de 2017

Por Venezuela


En lo más profundo de mí
siento un inmenso dolor,
siento que se desprende
de mi cuerpo, el corazón,
es una inmensa tristeza,
como nunca sentí yo
me duele mi patria querida,
Venezuela ¡Qué dolor!

Vuelan lejos los recuerdos
a mi infancia pintoresca,
mis patines, mis pelotas,
mi guante y mi bicicleta,
no recuerdo cuántas veces
jugué hasta en las aceras
y hasta bien tarde, en las noches
después de hacer las tareas.

Disfruté la buena vida
luego en mi adolescencia,
el fin de una gran infancia
y empezar mis experiencias,
pasé por grandes momentos
que disfruté con franqueza,
enamorando vecinas
en mis cuitas callejeras.

Pude estudiar donde quise
sin que nada lo impidiera,
graduarme y comenzar
una bonita carrera,
empezar una familia
con la mujer que quisiera
sin complejos ni temores
y asentarme aquí en mi tierra.

Ahora siento que a mis hijos
se le cierran las fronteras
llenos de incertidumbre
donde su calle es ajena,
donde de día o de noche
inseguridad es lo que impera
y la vida ya no cuesta
lo que paga una moneda.

Hemos perdido valores
realmente imprescindibles
hemos llegado al punto
de una vida inaccesible,
veo con honda tristeza
que mis hijos no resisten
vivir una Venezuela
que parece que no existe.

No podemos seguir siendo
así, como indiferentes,
dejar que siempre nos traten
peor que a un delincuente,
dejar que roben su vida,
su futuro y su presente,
porque les hemos dejado
un país que no merecen.

Quiero devolverles algo
que sé que estamos debiendo,
devolverles el país
que perdimos un momento,
un momento en que olvidamos
que su vida es la nuestra
voy a luchar junto a ellos
porque quiero a VENEZUELA.

PanchoTronera

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